
En esta ilustración se utiliza un nuevo formato en el que se funden dos imágenes para crear una sola, representando dos momentos consecutivos de la acción. En ella, el médico coge al bebé en sus brazos ante la desconfiada mirada de Juana, que en la imagen mira hacia un punto indefinido (donde se encuentra Kino) dudando si dejarlo en manos del médico o no, y seguidamente le introduce una cápsula que él mismo ha preparado previamente en su boquita. El tratamiento de las luces en esta imagen ha sido crucial, puesto que eran lo que cohesionaba ambas partes; en la imagen superior, tras los personajes, un primer foco producido por la hoguera de la cabaña, y frente a nosotros, a contraluz, los rasgos de los personajes se perciben gracias a la tenue luz del farol que lleva el sirviente del médico (que no aparece en la ilustración). Así, pese a ser una imagen nocturna, se juega con los ditintos focos de luz de la escena para construir volúmenes. En el plano del bebé, sin embargo, el foco se encuentra ante el personaje, indicando que hemos cambiado el punto de vista.
“Y cuando el médico se acercó a ella y le tendió la mano, apretó con fuerza aún mayor al niño y miró hacia donde se encontraba Kino, con las sombras d ela hoguera saltando sobre su rostro. Kino asintió y sólo entonces accedió a que el médico cogiera al bebé.”